Para mí ha sido un lujo narrar en el Diario AS (gracias Rafa León Ortega, gracias Diego Félix), lo mejor que supe, una temporada del Granca que debe ser, como mínimo, de notable altísimo. A una canasta de la final de la Eurocup. A nada y menos de ganar la Copa del Rey. Cuartofinalista ACB forzándole tres partidos al Baskonia. Una demostración de carácter y pasión imposible de olvidar (A Coruña, Galatasaray, Vitoria). Un sentimiento de pertenencia difícilmente equiparable. Tremenda temporada. Se impone la continuidad. Aíto, el primero. Unos más y otros menos, pero todos los fichajes, sin excepción, han respondido. Y los 'veteranos', ni les cuento.
El club crece cada día más, paso a paso, ahora ya a zancadas, sin apenas darse cuenta. Todo ha sido producto de una evolución natural como el coloso del GC Arena como imponente testigo, imposible de igualar su atmósfera cuando está centrado de verdad, dejando al CID como un hermoso recuerdo. Lo que consiguió este curso no fue sino la constatación de que el cliché de equipo revelación y sus derivados son injustos sin van unidos al Herbalife, pues desmerecen una trayectoria tallada con la madera más pura, ni que fuera la mezcla perfecta de tiempo, paciencia, talento y razón. No es que haya venido para quedarse, es que la azotea de la ACB es su lugar natural desde hace varios años.
¿De verdad que todavía existen motivos para no creérselo? Mirar para abajo o sorprenderse, triste consuelo que nada tiene que ver con este equipo. Y es que nos sobran los motivos para gritar, una vez más: ¡Vamos, Granca!